LA TORMENTA EN EL MAR
Su estómago no le daba tregua. Mientras el barco seguía cabeceando a cada envite de las olas embravecidas, en la soledad de su camarote, se sentía morir y la tormenta tenía trazas de durar.
Intentó tumbarse en la cama pero la fuerza del balance del barco hacía que su cabeza, todo su cuerpo se moviese, animado por los golpes de mar, de un lado a otro.
Entonces, un pantocazo más fuerte lo arrojó contra el mamparo y, asustado, decidió levantarse y subir al puente del barco.
Los pasillos estaban vacíos y agarrándose a las barandas, fuertemente atornilladas a los mamparos que formaban aquellos estrechos corredores, consiguió llegar al puente.
Los ojos casi se le salen de las órbitas. El puente estaba vacío, nadie gobernaba el timón que, por mor del piloto automático, volvía a rumbo tras cada embate de las olas.
¿Cómo era posible? ¿Dónde se habían metido todos?
Miró a la proa del barco y vio como una ola gigantesca se preparaba para embestir por la amura de babor. Se sujetó firmemente a los asideros del radar y se preparó para aguantar aquel embate.
La ola golpeó el barco y barrió la cubierta produciendo una espuma blanca aterradora.
Una vez que el barco adrizó, decidió ir a la sala de máquinas para ver si encontraba a la tripulación.
Volvió a bajar hasta la puerta de sala de máquinas, abrió y descendió por las escaleras hasta el fondo. El ruido era ensordecedor, pero allí tampoco había nadie.
Cada vez más asustado salió de la sala de máquinas y se dirigió al comedor. Tenían que estar allí.
En eso, las luces se apagaron y la oscuridad más absoluta, se apoderó de todo; solo por los portillos, de vez en cuando, se colaba la luz de los cercanos relámpagos.
Comenzó a conjeturar que es lo que habría pasado para que él estuviese solo a bordo. En unos segundos, historias mil veces escuchadas vinieron a su cabeza.
Doblo el último recodo del pasillo que conducía al salón, abrió la puerta y…
Las luces se encendieron de repente y un fuerte grito le sobresaltó:
¡SORPRESA!
Allí estaban todos, todos reunidos en el salón y, de repente, empezaron a cantar:
Cumpleaños feliz. Cumpleaños feliz, Te deseamos todos…
