LA LUZ AL FINAL DEL TUNEL
Despertó de repente. Aquel sonido de agua corriendo le sobresaltó. Su primer impulso fue cerrar los puños, abrir los ojos y salir corriendo, pero inmediatamente se dio cuenta que aquello era imposible.
No sabía exactamente donde se encontraba y aquella oscuridad, no ayudaba en demasía a orientarse.
Concentro sus esfuerzos en escuchar algún sonido que le diese alguna pista, alguna indicación de cómo abandonar aquel recinto.
A lo lejos, unas voces ininteligibles, gritaban algo que él no pudo entender.
Entonces pensó:
Pero vamos a ver… vamos a serenarnos… aquí no se está nada mal, no hace frío, tampoco excesivo calor, Tengo comida y agua a mano…, yo creo que puedo esperar tranquilamente a que me vengan a buscar. Lo mejor que puedo hacer es descansar y ya veremos que pasa.
En estas reflexiones estaba cuando otra vibración seguida de un fuerte temblor volvió a recorrer el lugar donde se encontraba. Le había parecido más fuerte que la anterior.
Entonces, un rayo de luz, al principio más bien un hilo que poco a poco se fue agrandando, le mostró el camino de salida.
“Creo que es por ahí”. Notó, al mismo tiempo, que una fría corriente de aire se abría paso a la par que la luz iluminaba el habitáculo.
Un nuevo temblor le empujó, resbalando, hacia la luz.
Con dificultad asomó la cabeza y lo que vio, no lo tranquilizó en absoluto.
Ahora la luz era cegadora y vio que unas manos enguantadas se acercaban a él.
Notó un fuerte tirón en el cuello y su cuerpo resbaló; como no me sujeten, me voy a matar.
Otras manos, también enguantadas, le recogieron. Hacía un frío que pelaba.
Cegado, percibió como lo sujetaban y lo alzaban en el aire. Un fuerte golpe en las nalgas, terminó de asustarlo y se puso a llorar.
Acababa de nacer y no le había gustado nada, nada, nada.
