Era la primera vez a lo largo de toda su breve, pero intensa carrera que se veía en una situación tal.
Sus otros compañeros, con su misma experiencia, más o menos, no le habían comentado nada de aquello; seguramente para evitar que pudiese estar preparado y tomar ellos la delantera.
Pero, en fin, en aquel mundo de competencia feroz, todo podía ser.
Prosiguió su camino adelantando uno a uno a todos aquellos que se cruzaban con él.
Se había impuesto en su marcha un ritmo frenético. Tenía que ser el primero.
A medio camino, noto que sus fuerzas flaqueaban. Recurriendo de nuevo a aquella especie de voz interior que lo impulsaba, redoblo su esfuerzo y, dejando a un lado, concentrándose en eliminar la sensación de cansancio que lo embargaba por momentos, prosiguió su camino.
Él sabía que dependiendo del resultado de aquella carrera, su futuro podría ser muy diferente.
Si perdía, su vida, carecería de sentido. Sería como si no hubiese existido.
Pero si ganaba… Si ganaba formaría parte de aquella empresa. Sería cofundador de algo que llegaría, con toda probabilidad, a ser grande.
El camino cada vez se estrechaba más.
Los otros, la competencia, también parecían agotados y la estela que formaran al principio, abigarrada y tupida, en este punto, se veía con grandes espacios vacios.
Cada vez quedaban menos en aquella despiadada carrera.
La meta estaba a la vista. Volvió como pudo la cabeza hacia atrás y vio que todavía llevaba una ligera ventaja sobre su inmediato perseguidor.
De repente, algo le detuvo. Intentó liberarse moviéndose de un lado a otro. Su compañero, el que venía de segundo, también se detuvo a su altura.
Y así, uno tras otro, todos los participantes quedaron detenidos por aquella especie de barrera invisible.
Habían fracasado en su objetivo y no tenían la más mínima posibilidad de volver a intentarlo.
Maldijo una y otra vez su suerte y mientras que un lejano rumor, como de torrente de agua, arrastraba el condón que los contenía, aquel espermatozoide, aquel campeón, se fue sumiendo en la más oscura de las galerías. La tubería del retrete.

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