LA ESPERADA LLEGADA
El niño de las pecas y las orejas grandes fue el primero que la vio venir.
Estaba subido en un arbolito contemplando como los mirlos alimentaban a su prole y en una de estás, mientras esperaba que la mirla trajese mas comida para sus polluelos -3- que piaban desaforados, en una de estas, al levantar la cabeza, la vio.
Bajó del árbol, más bien saltó del árbol y medio a trompicones, volvió a la aldea a todo correr.
- ¡Ya viene! ¡Ya viene!, voceaba mientras entraba a todo correr por la calle hasta la plaza del pueblo.
Don Jesús, el barbero, que estaba sacándole brillo a la barra gira gira sin fin, orgullo y reclamo de su negocio, pego tal respingo por el susto, que casi se cae.
Doña Gertrudis, la tendera, que barría el suelo delante de la puerta de su tienda, quedó en suspenso con la escoba medio en el aire, como si se hubiese convertido en una estatua de sal.
El niño de las pecas y las orejas grandes seguía recorriendo el pueblo a toda velocidad sin parar de decir:
¡Ya viene! ¡Ya viene!
A su paso, don Arturo el boticario, que en aquel momento intentaba saltar un charco para no manchar sus relucientes botas, trastabilló y se metió de lleno, con los dos pies, en el lodo.
Don Pedro, el herrero, también se paralizó, no sabemos muy bien si por los alaridos del rapaz o por la noticia en si. Se quedó con el gran martillo suspendido en el aire mientras la herradura al rojo vivo que tenía sobre el yunque, se iba apagando.
En definitiva, todos los que oyeron o vieron al niño de las pecas y las orejas grandes, quedaron inmovilizados.
Pero solo fue un breve instante. Al unísono, comenzaron a caminar hacia la entrada del pueblo.
El resto de los vecinos, al verlos pasar, se sumaron a aquella marcha y así, todos juntos y apurados, llegaron al repecho del camino desde donde se divisaba casi todo el valle.
Permanecían todos en silencio mirando a la lejanía.
De repente Don Julián, el maestro, que era famoso en toda la comarca por su agudeza visual, exclamó:
¡Por allí! ¡Por allí!
Mientras esto gritaba, con el brazo y el dedo índice extendido, cual descubridor ate tierras ignotas, señaló a la lejanía.
Los vecinos dirigieron su mirada hacia el lugar señalado y… ¡era verdad!, ¡ya se veía venir!
A lo lejos, tras Las Lomas de
El murmullo de sus voces fue “in crecendo” hasta que se convirtió en un ¡Ohhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh! de alegría y maravilla justo cuando la luz los alcanzó y siguió dirigiéndose hacia el pueblo.
Se dieron la vuelta para no perderse el espectáculo. La luz, poco a poco, iba iluminando paulatinamente paisajes cada vez más lejanos hasta que el efecto se perdió.
Pero el espectáculo no había concluido aún.
A lo lejos, desde Las Lomas de las Tierras del Trigo, primero de manera muy queda pero a cada poco más nítida, acercándose más, se escuchó una melodía. Era el canto melodioso de miles de pájaros que seguían a la luz.
La melodía con los pájaros se fue gradualmente alejando pero en el ambiente quedaba el eco de aquella maravillosa música.
Ahora sí, el espectáculo había terminado.
Todos volvieron al pueblo encabezados por el niño de las pecas y las orejas grandes.
Otro año, otra vez más, la primavera había llegado para quedarse, al menos, hasta el verano.



josejo dijo
una historia muy original...me gustacomo escribes
17 Febrero 2008 | 02:50 AM