EL HOMBRE DE LAS MANOS GRANDES Y LOS PIES CANSADOS
Desde mi ventana, le había visto en diferentes ocasiones. Llegaba todos los días un casi nada antes de que encendiesen las luces del escaparate de la tienda de juguetes.
Lentamente, arrastrando sus pies cansados, se detenía delante de la vitrina y, sin sacar las manos de los bolsillos del abrigo, comenzaba un ligero balanceo, casi inapreciable, que duraba, exactamente, hasta que se encendían las luces del escaparate.
En ese momento, aproximaba su cara al cristal y, con sus grandes manos haciendo pantalla, permanecía durante un momento mirando, quien sabe que, al interior del escaparate.
Pasados dos minutos, el hombre de las manos grandes y los pies cansados, se ponía en marcha otra vez.
A los cinco o seis pasos de alejarse de la vitrina, se paraba y rebuscando en el interior de su gabán, de su bolsillo derecho, sacaba un pequeño sobre que ojeaba un instante. Después, volviendo a introducirlo en su bolsillo, continuaba caminando hasta que, desde mi ventana, lo perdía de vista.
No sabía desde cuanto tiempo realizaba aquel hombre esa especie de ceremonia diaria.
Pero lo que observé era que, durante el mes de diciembre, cada día, su llegada coincidía con el casi simultáneo encendido de las luces de la tienda.
Una tarde, antes de que se encendieran las luces del escaparate, el hombre de las manos grandes y los pies cansados, pasó de largo. No se paró a contemplar el interior de la vitrina y, con decisión –sus pies me parecieron menos cansados aquel día- entró en la tienda.
Al rato, salió portando un gran paquete y con una gran sonrisa en el rostro prosiguió su camino hasta que lo perdí de vista.
En ese momento, mientras el hombre de las manos grandes y los pies cansados –hoy, menos cansados- se alejaba sonriendo, las luces del escaparate volvieron a encenderse.

juan carlos dijo
Hola tras haber leido estos relatos , la sensación que me ha quedado fue de bienestar y de parálisis , digo de páralisis porque es como si en un momento de mi ajetreado día mental todo se hubiese detenido un momento para poder disfrutar de los pequeños placeres de la vida que tantas veces por diversos motivos pasan desapercibidos .
Lo que más me asombró de estos relatos , fue la sencillez con la que están escrito , sencillez que a su vez envuelven lo más complejo que tiene esta vida que es la calidad humana y los valores que dia a dia se van depreciando por todo lo superfluo y banal que nos rodea .Un saludo.
10 Abril 2008 | 01:26 PM