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La Coctelera

ESCRITOS DESDE CASA

Enred@ndo con la palabra

Categoría: RETOS. SE ADMITEN ENCARGOS

23 Febrero 2008

26 MINUTOS DE ADELANTO-ATRASO

Extracto de documentación sonora recuperado entre los restos del devastador incendio que asoló la Jefatura Especial para Paradojas Espacio Tiempo Obvio (J. E. P. E. T. O.)

Fecha: 28 de decimosegundo de 2492.- Lugar: Heliópolis.-

A las 07:30 del día mencionado, después de haber recibido una llamada en la central comunicando la paradoja obvia, dos agentes adscritos a dicha jefatura se personaron en el lugar de los hechos.

Al llegar fueron recibidos por dos individuos en estado de manifiesta excitación. Después de tranquilizarlos, los agentes intentaron tomar declaración previa para la instrucción de las diligencias oportunas, a los elementos citados.

En vista de la imposibilidad de hacerlo estando los dos presentes en el mismo cuarto, la fuerza optó por separarlos en distintas dependencias de lo que parecía ser una vivienda.

DECLARACIÓN 1ª INDIVIDUO:

Marco Guass Guass, que así manifiesta llamarse y que tras la lectura biométrica oportuna, así resulta dice que:

Como todos los días a las 07:00 del día de autos sonó su despertador y que al levantarse de la cama, escuchó un ruido procedente del centro de aseo de esta casa, la cual dice que es su residencia habitual y así demuestra ante la fuerza actuante, mediante la presentación de sendos recibos electrónicos que se adjuntan a este atestado.

Que al aproximarse al centro de aseo se encontró con un individuo exactamente igual a él que terminaba de ducharse y se estaba peinando ante el espejo.

Que sorprendido por la presencia de dicho individuo, primero creyó que era victima de una alucinación o de una broma holográfica.

Que una vez se recuperó de la sorpresa, del armario donde se guardan los útiles de limpieza tomó una escoba –foto que se adjunta- y con el mango intento romper lo que él consideraba un holograma.

Que ante la presión ejercida por el mango de la escoba sobre el presunto holograma, este reaccionó de manera brusca dando un salto hacia atrás y gritando un insulto al mismo tiempo.

Que ante el grito y el salto, se asustó más y quedó paralizado.

Que preguntó al referido, por lo visto falso holograma, que quien era y que hacía en su vivienda y en su centro de aseo.

Que el falso holograma –a partir de ahora individuo 2 en este atestado- quedó pálido ante su presencia y que le respondió a él con la misma pregunta.

Que ante la actitud amenazante del individuo 2 armado con un pequeño taburete de baño –foto que se adjunta- decidió salir corriendo y volver a su habitación desde donde, encerrado y cada vez más asustado por los golpes que el individuo 2 perpetraba contra la puerta, decidió llamar a la J. E. P. E. T. O. felicitando a la fuerza actuante por la rapidez de su intervención.

DECLARACIÓN 2º INDIVIDUO:

Marco Guass Guass, que así manifiesta llamarse y que tras la lectura biométrica oportuna, así resulta dice que:

Que se encontraba el día de autos a las 07:26 en el centro de aseo de la que él dice ser su vivienda habitual y así demuestra ante la fuerza actuante mediante la presentación de sendos recibos electrónicos que se adjuntan a este atestado.

Que notó un fuerte golpe en un costado y que por el espejo pudo ver a un elemento –en este atestado individuo 1- que con el mango de una escoba o cepillo –no se atreve a precisar- le intentaba propinar lo que el supuso serían más golpes.

Que quedó sumamente extrañado por el gran parecido físico que el individuo 1 mostraba con su persona.

Que ante la pertinaz labor del individuo 1 de seguir propinándole golpes, tomó del suelo un pequeño taburete de baño – foto que se adjunta- y enarbolándolo por encima de su cabeza salió en persecución de dicho individuo.

Que dicho individuo – individuo 1- se refusión en su dormitorio –del individuo 2- y que con ánimo de asustarlo, golpeó repetidamente la puerta del mismo.

Que al mismo tiempo que golpeaba la puerta del dormitorio, llamó a través del ordenador central de la casa a la J. E. P. E. T. O. y que se mantuvo delante de la susodicha puerta hasta la llegada de la fuerza actuante que estimó rápida y eficaz.

Tomada declaración a los dos individuos –individuo 1 e individuo 2- se procede al traslado de los mismos a las dependencias de la J. E. P. E. T. O. quedando a disposición de la superioridad

Heliópolis 28 de decimosegundo de 2492.

ANEXO I:

De los resultados desprendidos de las investigaciones llevadas a cabo por miembros de la J. E. P. E. T. O. y fontanero adscrito al servicio, se desprende que la causa mas probable de este incidente haya sido un mal funcionamiento del programador de la lavadora de la casa, interactuando esta con el ordenador central de la misma dando lugar a esta paradoja obvia.

Se estima por los cálculos efectuados por los agentes y por las declaraciones de los implicados que la paradoja indujo para el individuo 1 un adelanto de veintiséis minutos y para el individuo 2 un atraso del mismo tiempo

ANEXO II:

Como según la Orden Ministerial 036/2380 el tiempo mínimo para considerar una paradoja obvia como tal es de treinta minutos, se desestiman todas las reclamaciones que los afectados pudieses plantear contra este Ministerio y miembros de la J. E. P. E. T. O., no siendo esto motivo para que los mismos puedan recurrir ante instancias superiores.

En Heliópolis a 12 de cinco de 2493.

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23 Febrero 2008

TOMAR UNA DECISIÓN ESTA NOCHE DE TORMENTA

Tengo que salir de aquí y, además, tengo que hacerlo pronto. Acabo de entrar en la cocina y lo que he visto, me ha descorazonado.

Aún estoy a tiempo de arreglarlo, de buscar una solución. Es de noche y el temporal golpea inmisericorde las ventanas y puertas de mi casa Con este tiempo que hace, la idea de coger el coche se me hace cuesta arriba.

Pero tengo que hacerlo, es la única solución. Si se tratase de otra cosa, intentaría sustituirla, buscar otra alternativa que me permitiese continuar mi labor. Pero sin ella, nada sería igual. Nada.

No me apetece nada volver a cambiarme de ropa, volver a ponerme de calle y dejar a un lado estas zapatillas y esta bata tan cómodas que tengo puestas.

Pero no tengo más remedio que hacerlo. Y además, no debo demorarme mucho si quiero encontrar una solución.

Acabo de mirar mi reloj y ya son las nueve y media (veinte y treinta en Canarias) Solo tengo media hora para satisfacer mi deseo.

Es el momento de tomar una decisión. O me visto ahora mismo, cojo el coche y me acerco al centro comercial, o me preparo otra cosa que no sea tortilla para cenar.

Tengo que ir a comprar cebollas, porque como todo el mundo sabe, una tortilla sin cebolla, ni es tortilla ni es nada.

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10 Febrero 2008

SOLUCIÓN INTERMEDIA

Desde hace unos días no se lo que me pasa. Cuando voy por la calle tengo la sensación de que la gente me mira, como si me conociesen. Me siento vigilado.

Algunos lo hacen con disimulo, me observan mientras estoy esperando a que cambie el semáforo y cuando les devuelvo la mirada, rápidamente miran para otro lado. Otros, por el contrario, no se cortan un pelo y mantienen mi mirada con un descaro total.

Es cierto que hace una temporada que no descanso nada bien por las noches y, comentándole lo que me pasa a un amigo que es psicólogo, me ha dicho que esta especie de obsesión, ese creer que la gente me mira, puede venir provocada por el hecho de no dormir bien.

Me ha dado una serie de consejos para que mejore mi descanso.

Tengo que cenar algo ligero, y así lo hago. También me ha dicho que adelante la hora de la cena o que retrase la hora de acostarme. He seguido sus consejos durante unos días y la verdad, es que he notado algún cambio en mí.

El primer día que hice una cena ligera, dormí muy bien, hasta que desperté muerto de hambre y tuve que levantarme a comer algo porque sentí que me moría.

La vez que demore el hecho de acostarme, me ocurrió que, cuando me metí en la cama, era tardísimo y al sonar el despertador, solo llevaba dos horas durmiendo.

Estoy desesperado. Ya no se que hacer, quizás tenga que ir al médico y pedirle que me recete alguna pastilla para dormir, pero es algo que no me hace ninguna gracia.

Ahora, estoy pensando en probar una solución intermedia antes de ir al médico y dejar de hacer experimentos con las cenas y los horarios. Lo voy a intentar.

Desde que se fue mi asistenta, la verdad, es que no duermo nada bien.
Voy a probar a hacer la cama y veremos si mi situación mejora.

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10 Febrero 2008

SIETE DE ENERO

Aquella mañana se había levantado media hora antes de lo normal.

Siguiendo las recomendaciones que tan bien conocía sobre la indumentaria a portar en trabajos de riesgo, se esmeró en vestirse con prendas cómodas pero ceñidas, prendas sin extremos colgantes susceptibles de ser o quedar enganchados por algún objeto. Los zapatos, romos y planos, le proporcionarían una estabilidad idónea.

Repasó ante el espejo su vestimenta y la encontró satisfactoria.

Mientras tomaba un café en la mesa de la cocina, repasó aquella nota donde, desde hacía unas semanas, iba apuntando escrupulosamente todos sus objetivos.

Miró el reloj de pared y constató que llegaría a su destino a tiempo, posiblemente, media hora antes de que empezase la acción.

Salió de su casa y con paso decidido y firme, sin pararse a hablar ni saludar a nadie, se dirigió, como un misil, a la posición elegida.

Lo había calculado todo, decía mentalmente mientas caminaba con paso rápido. En el croquis que había dibujado ni un solo detalle quedaba al azar, cual era el camino más corto, como situarse a la entrada, a donde dirigirse en primer lugar…

La experiencia le había enseñado que nunca merecía la pena distraerse, en su mente estaba grabado aquello de golpear como una serpiente, en silencio, y retirarse a la misma velocidad.

La vez anterior venció a una de sus contrincantes, porque esta perdió una fracción de segundo expresando, con un gritito de admiración, su asombro ante el material en disputa.

Pero eso a ella, no le pasaría. Eran muchos días -meses más bien- entrenándose para aquella ocasión.

Ya estaba llegando. Eran las nueve y media. Cuatro contrincantes ya estaban allí. Se miraron, se estudiaron calibrando las posibilidades de cada una. La tensión, como dicen en las novelas, flotaba en el ambiente.
Solo faltaba media hora para que comenzase el primer día de las rebajas de enero.

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10 Febrero 2008

EL PRIMER DESCONCIERTO CON USO DE RAZÓN

En el medio de aquella atmósfera silenciosa y oscura me encontraba yo, Una música lejana y monótona, hacía que el ambiente se volviese, si cabe, más angustioso.

Me había preparado a conciencia para dar aquel paso y si alguien, hace solo dos años, me hubiese contado lo que iba a suceder, no le habría hecho el más mínimo caso.

El grupo lo formábamos diez personas y nuestra actitud, la de todos, era similar.

Allí estábamos, sentados en aquellos bancos duros y fríos haciendo lo posible por cumplir con aquel compromiso que nos habíamos impuesto.

Una lejana voz, por los altavoces, nos iba llamando por nuestros nombres y apellidos. Si no calculaba mal, al tercero que llamarían sería a mí.

Repasé mentalmente las pautas que durante aquellos dos meses de intensiva preparación se habían grabado en mi cerebro de forma indeleble.

Examinada a fondo mi conciencia, no había encontrado nada digno de mención, solo, ciertamente, una cierta pena me invadía, un dolor sordo, al recordar aquel sufrimiento infligido a Manuel, el novato

Me propuse no volver a hacerlo nunca más.

En ese momento se escucho mi nombre.

Me levanté del banco y me dirigí hacia donde antes se habían encaminado mis compañeros. Ahora venía lo peor.

Mis pasos resonaban en la inmensidad de la iglesia. Llegué al confesionario y la voz del párroco me recibió con aquel Ave María purísima que sonó a pregunta de espía en el Check Point Charlie del Berlín de los años 60.

Inconscientemente, me mantuve en silencio. Solo la respiración del cura, pausada y fuerte, se escuchaba en el recinto y entonces recordé que él esperaba mi contraseña, mi respuesta, para seguir:

- Sin pecado concebida; respondí en voz baja.

La contraseña era correcta y las puertas centrales del confesionario, antes semicerradas, se abrieron de par en par.

Después, prosiguió con aquellas preguntas que sabía que haría y que, de más mala que de buena gana, fui respondiendo una a una.

Terminado el interrogatorio, quedaba escuchar la sentencia, bueno, quiero decir, cumplir la penitencia.

Los mayores nos habían contado que aquel sacerdote era de los que “no cargaban la mano” en el asunto de las penitencias y a no ser que hubieses sido uno de los soldados que apresaran a Cristo en el huerto de Getsemaní, con dos o tres padrenuestros quedabas arreglado.

Así fue. “Reza dos padrenuestros y procura no pecar más” me dijo.

Mientras el cura, en un idioma rarísimo, terminaba de pronunciar el conjuro con el que me serían perdonados mis pecados y con su mano derecha trazaba una gran cruz en el aire, yo a mis ocho años y según la iglesia, con uso de razón, acababa de efectuar mi primera confesión.

Solo faltaba cumplir la penitencia y así lo hice sin dilación.

Recé los dos padrenuestros y salí de la iglesia libre de pecado.
Acojonado pero libre de pecado al fin.

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